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Edición y diseño gráfico

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Ya amainó el vendaval de «opinión crítica» contra el secuestro de la revista El Jueves, ordenado por el juez Del Olmo. La Fiscalía de la Audiencia Nacional mantiene la intención de formular acusación contra los humoristas, pero descarta hacerlo por el supuesto delito de injurias contra la Corona que castigue con prisión a los autores de la viñeta. Todo predecible.

Por lo visto, el secuestro de esta revista de humor (que no parece que se dirigida al lector más inteligente), o, si se quiere revestir de mayor gravedad al asunto, el secuestro de un «medio de comunicación», no ha conseguido movilizar al mundo de la cultura, ni a nuestros colegas los «especialistas de la comunicación visual», dado el remanso legislativo, democráticamente feliz, que vivimos. No resulta prudente una algarada política que lo perturbe. Los diseñadores de guardia prefieren reservar toda su «libertad de expresión» para otro periodo político con menos pedigrí democrático.

Es a través de las columnas de los periódicos y editoriales donde se libró la más enconada batalla crítica contra la decisión judicial, tachándola de inoportuna y de dudosa aplicación legal, arguyendo que afectaba a uno de los principios básicos de la democracia, ese de la libertad de expresión y tal y cual, aunque casi todos los firmantes condenasen la «zafiedad y el mal gusto de la viñeta». «Un despropósito, una ofensa gratuita y una intromisión inaceptable en la intimidad de dos personas…», se llegó a escribir en este sentido. En fin, Ceci n‘est pas une pipe, ¿qué intimidad de los príncipes se muestra en lo que es una simple representación caricaturesca?

Pero, eso sí, todos cerraron filas defendiendo la «libertad de expresión». Hasta el inefable monárquico Luis María Ansón, en un arrebato de fundamentalismo democrático, escribió en su Canela fina: «La libertad de expresión es el cimiento sobre el que reposa el entero edificio pluralista. Si se fragiliza la libertad de expresión, la construcción democrática terminará derrumbándose» Lo de siempre, el bla, bla, bla vacuo en torno a los valores meramente formales que rigen la vida política.

La viñeta de portada de la revista de marras no se hizo para ejercer la absurda libertad de expresión, se hizo con la intención de provocar y con ánimo de lucro. Pero, ¿qué peligro representa para el Estado una actividad comercial que aprovecha de manera publicitaria los mecanismos del mercado, incluidos los institucionales, para vender mejor su producto? ¿No es en el propio mercado donde la idea de libertad democrática funciona con plenitud?

En la ficción jurídica del estado constitucional español todo es confusamente posible. Por igual. Desde ordenar a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que retiren de los quioscos los ejemplares de una revista satírica irrelevante, a permitir que un criminal como De Juana Chaos cumpla apenas ocho meses de cárcel por cada asesinato, o que el violador «del ensanche» lo haga un año por cada violación, o que uno de los asesinos de Sandra Palo salga a la calle «rehabilitado» tras cuatro años de reclusión…

Ceci n‘est pas une pipe.

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