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Este 6 de diciembre de 2007 la Constitución Española cumplió 29 años en un ambiente empañado por los asesinatos de ETA. Con la retórica de siempre, los políticos invocaron la unidad de los demócratas, incluyendo a los representantes de los partidos que tienen como fin político la disolución de la Nación Española (que no deja de ser otro modo de ejercer la violencia).

Cuando Franco vivía, una parte significativa de la generación de los que pasamos de los cincuenta años éramos rojos, ¿qué otra cosa podíamos ser, tan jóvenes, tan crédulos? Después, con la democracia y la Constitución del 78, algunos ya sólo asociamos, y de manera recurrente, lo de «rojos» a los números de la cuenta bancaria.

Gran parte de esos rojos de entonces, o sea, revolucionarios de izquierdas, con el tiempo resultaron ser demócratas de toda la vida. Progresistas. Actualmente son los que velan las esencias democráticas del Estado de Derecho desde el lado social que apela a la Humanidad (antes defendían la clase trabajadora, ahora el progreso global humano). Entre ellos destacan los hombres de letras, ilustres poetas, artistas, intelectuales de la alta cultura generadora de opinión, que mantienen vivo el relato épico de la lucha por las libertades contra el franquismo y la consecución del cambio democrático. El cambio que propició el reconocimiento constitucional, tras siglos de opresión, de la realidad plurinacional del estado español.

Están, por tanto, encargados de proteger los valores democráticos, muy atentos a cualquier atisbo de amenaza involucionista que se perciba en el horizonte constitucional. Así, cuando el peligro acecha, nada más tienen que pronunciar la palabra «Aznar» para, de inmediato, aplazar sus pugnas por el poder y cerrar filas en torno al sagrado espacio de las libertades conquistadas. Hasta pueden llegar a establecer, si hiciera falta, un «cordón sanitario» que las preserve.

Desde la prosa de la vida, sin embargo, el mercado cerrado, arancelario, de hace más de treinta años es ya sólo un recuerdo lejano en el que cobra especial intensidad la posterior transición política que permitió modernizar la estructura capitalista del régimen dictatorial. Y trajo las libertades democráticas del mercado pletórico europeo que todos disfrutamos. Hasta donde nos permiten las tarjetas de crédito.

¿Quién dijo que la Constitución del 78 está en crisis?

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