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«Las cosas del sexo no pintaron bien a los que nacimos en el cincuenta. Mis primeros pasos en los salones de la educación fueron en el colegio de las reverendas madres Ursulinas. Me resultó una vida muy extraña y, como fui prematuro en conocer la estupidez, diría que también muy estúpida. Por ejemplo, para hacer pipí (aguas menores) o popó (aguas de mayor cuantía y consistentes), le decíamos a la monja que si mère, permission sortie, pipí o popó. Y cuando recitábamos los Diez Mandamientos en la fila, al llegar al sexto nos obligaban a canturrear un tralará tralará.

Salvo Marcelino, pan y vino y otras majaderías de Pablito Calvo, el cine era de mayores de dieciocho años (3), de mayores con reparos (3r), y gravemente peligrosa (4). A este grupo de malditas, de pecado mortal, pertenecían películas como La gata sobre el tejado de zinc o El manantial de la doncella, que recuerde. En cuestión de libros, mejor no hablar, como gran cosa desvirgamos cuatro neuronas leyendo el Diario de Daniel, el Diario de Ana María y La vida sale al encuentro del exjesuíta Martín Vigil. A las esclavas de Sinuhé el egipcio de Mika Waltari le dedicamos nuestro primer pecado mortal en solitario. Las revistas de tías en pelotas, Play boy y Penthouse, eran paja mayor. Y nos fiamos de Desmond Morris, dice en El mono desnudo que de doscientas cópulas sólo una hace diana. La generación del penalti nunca pondrá el nombre del farsante antropólogo a una de sus calles.

Luego vimos en todao el parto de Helga, rodeados de enfermeras de la Cruz Roja, por si los desmayos. Y cuando Franco pedía pista, afloraron las primeras tetas al cinemascope, de la mano de Kubrick y su Naranja mecánica. Poco importaba la historia de Burgess, y mucho los cuatros segundos de pezón a tejavana.

Franco se fue al Cielo, como estaba previsto, y dejó el solar patrio abonado para que floreciesen salas x, top-less, libs, caperucitas rojas y putas, siete enanitos perversos y videos pornos de mete, saca y chupa, y final de fiesta sobre la alfombra del cuarto de estar.

Caímos en la pornografía dura y olvidamos que el sexo es bello.

Omara la trapecista puede ser el libro que leímos los del cincuenta en nuestros sueños húmedos de adolescentes. De vez en cuando me recreo con su lectura y me gano un boleto para el infierno.»

[Manuel Herrero Montoto (introducción)]

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• Título: Omara la Trapecista
• Autor: Manuel Herrero Montoto
• Edita: Septem Ediciones
• ISBN: 84-95687-24-0
• Año: 2001
• 14 x 21 cm, 192 páginas.

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• Premio Motiva de 2001, en la categoría Cubierta de libro.
• Seleccionado en el Premio de Diseño Editorial Daniel Gil, 2003

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Bibliografía:
Motiva 2000-2003 (catálogo), Oviedo: Asociación de Diseñadores Gráficos de Asturias (AGA), 2003, p. 171. (ISBN: 84-607-8901-2)
Los herederos de Daniel Gil, Madrid, Blur Ediciones, 2003 (ISBN: 84-607-8819-9)
— Sala, Marius: Editorial Made in Spain, Barcelona, Index Book, 2002, pág. 70 (ISBN: 84-8994-61-7)
Is Book Design, IS Design Series 2, China: Shantou University Press, 2003, pp. 19, 30, 106 y 109. (ISBN: 7-81036-621-1/J.58 )

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