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03-las-estrellas-muertas-A

Eugenio Torrecilla decidió fundir la literatura con su vida para ensanchar y dignificar la existencia. Quienes lo conocieron dan fe de esas estrechas relaciones. Las estrellas muertas, el libro que aparece ahora a los cuatro años de su fallecimiento, es un relato de introspección cientifista acerca de la inmortalidad, legado casi como un testamento. [Continuar leyendo en lunadeabajo.blog]

Guia-para-un-encuentro-con-Angel-Gonzalez-issuu
Hemos subido a Issuu el libro Luna de abajo número tres. Guía para un encuentro con Ángel González, en la versión que dio forma a la tercera edición impresa de 1997 (la primera es de 1985), con algunos retoques de adaptación a esta edición digital de 2013.

Decir Ángel González es pronunciar el nombre de una ciudad, de un poeta mayor de una generación fundamental en la literatura contemporánea española, de un modo de hacer y de entender la poesía, de una forma de estar y de permanecer en el tiempo. Para el grupo de amigos que en su día formamos Luna de abajo, Ángel González, es un punto de encuentro, sin quiebra, que moviliza afectos muy profundos. Su nombre se confunde con nuestros sueños y nuestras biografías. Con él hemos comprendido que toda publicación no deja de ser un misterio más que se añade a nuestro universo cotidiano. Y este libro, y Ángel González, continúan siéndolo. Nosotros bien lo sabemos.

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Alfredo Hernández García
dice asumir la idea freudiana de que «en la exageración está la verdad». En la entrevista realizada por Javier Lasheras en Literarias lo explica: «[…] en mi opinión lo que no produce extrañamiento es rutinario y excesivamente real. La exageración es uno de los mecanismos que empleo para conseguir el extrañamiento».

No hay duda de que en las páginas de su novela El fósil vivo  el lector experimentará ese extrañamiento del que habla.

 «Mi novela cuenta algo que sucede en un mundo nuevo. Para hablar de ese mundo tuve que crearlo desde la fantasía, y además inventé un personaje —Ausonio— al que doté de características maravillosas, como por ejemplo una memoria inaudita que le hace recitar todo lo ocurrido en ese mundo, amén de tener en su cabeza todo un mamotreto o «sacrotocho», que es y que cuenta la historia de una generación de sobresalidos humanos comandados por un enviado, también llamado Primer Decente, cuyo nombre de pila es Modesto Bauer. Todo ello con el tiempo dislocado, con un personaje real que hace las veces de cuidadora de mi personaje principal, el tal Ausonio, quien además de mantener intacta toda la inocencia es un fósil vivo. El lugar en el que desarrollo casi toda la acción es en un museo estadounidense.»

El fósil vivo es una novela a contracorriente, donde la realidad, la ficción, la fantasía y el humor se entrecruzan. En Issuu se puede leer el texto completo:


También en formato para libro electrónico en Amazon:


Un texto breve de Manuel Herrero, de su novela inédita Se rifa canario rojo cantor. Personaje y escena al estilo de Herrero, entre lo real y esperpéntico pero muy divertido. Aparece en el número 3 de la colección «Minimal» de Literarias, la revista de la Asociación de Escritores de Asturias.

Salimos a la limón del armario José Emilio y yo. Desde los tiempos de la Facultad vivimos, mejor dicho soñamos, un amor prohibido, silencioso, sin palabras, de gestos bajo la tutela del disimulo. Cobardes nos acurrucabamos en las circunstancias oficiales: anillados por la Iglesia, peques intratables, alquileres furtivos y esporádicos, y desahogos en internet a la luz de un flexo. Abandonamos la decencia legal tras el brindis con cava que celebraba el veinticinco aniversario del fin de carrera. Con un simple guiño del ojo derecho. Nos escondimos en el WC y nos dimos a maza, morreamos hasta que crujieron los implantes y nos la machacamos mutuamente hasta dejar las vesículas seminales secas como las arenas del Kalahari. Ninguno de los presentes, incluidas nuestras esposas queridas, advirtieron que inaugurábamos nueva cara. Fue la nuestra una homosexualidad hipócrita, a fin de cuentas es lo que los otros querían. […]

Léanlo en la página de Issuu de la AEA.

La revista de la Asociación de Escritores de Asturias —LITERARIAS que dirigen y coordinan Javier Lasheras y José Havel ha iniciado en el 2010 cinco colecciones digitales no venales. Éstos son los títulos publicados hasta la fecha:

               
Javier Lasheras nos informa en esta reseña, que hizo expresamente para nuestro blog, de la orientación dada a cada una de estas colecciones:

Una de las aportaciones más clásicas de las revistas literarias es la creación. La revista de la Asociación de Escritores de Asturias —LITERARIAS—, consciente de la demanda de los autores y de las posibilidades que las nuevas tecnologías ofrecen como alternativa complementaria a los procesos de la publicación tradicional, creó a tal fin cinco colecciones, con sus propias características e independientes de la revista. El concepto era desarrollar diversos ámbitos en los que tuvieran cabida tanto la narrativa en sus formas breves, como la poesía y otros géneros híbridos. Así nacieron Vintage, Once Varas, Sybaris, Diez y Minimal.

Vintage, —todavía pendiente de estreno,— está dedicada a la obra de poetas mayores de 55 años; Once Varas llegó destinada a albergar textos de narrativa breve; Sybaris cubre la demanda de libros de poesía; Diez nace con la única premisa de que el número 10 sea el leit motiv de su contenido (10 poetas, 10 artículos, 10 cuentos, 10 opiniones, 10 entrevistas, 10 ensayos, 10 sonetos, 10 semblanzas, etcétera); y, por último, Minimal es la colección dedicada a autores que publican por vez primera o que están dando los primeros pasos con sus obras.

Hasta la fecha se han publicado siete títulos (dos de ellos de carácter colectivo) que pueden descargarse en la página web de la Asociación www.escritoresdeasturias.es y leerse en el portal Issuu. Son:
El hombre equidistante de José Luis Espina. Colección Once varas 1. Junio, 2010.
Una noche de verano, VV. AA. Colección Once Varas 2. Diciembre 2010
En tránsito, de Juanjo Barral. Colección Sybaris 1. Julio 2010
Casas abiertas (10 poetas estadounidenses del siglo XX), por Jorge Ordaz. Colección Diez 1. Enero de 2011
Kaleidoscopia, varios autores. Edición de Javier Lasheras. Colección Diez 2. Septiembre de 2011
Gesticulan voces, de Marcelo Matas de Álvaro. Colección Minimal 1. Diciembre de 2011
Cuaderno de Fuerteventura, de David Fueyo. Colección Minimal 2. Diciembre de 2011.

Una edición digital y no venal, sin complejos, que posibilita la presencia abierta de los autores a todos los lectores en Internet, sin perder el control efectivo de sus derechos y que no obsta para que los autores que deseen ver publicados sus textos a la manera tradicional puedan también hacerlo con el mismo diseño, bajo la orientación y el asesoramiento de Pandiella & Ocio.

En Pandiella y Ocio nos llena de satisfacción el haber podido editar, bajo la marca Luna de Abajo, el libro La vida por la letra de Eugenio Torrecilla que aquí mostramos.

Con un estilo muy lúcido y estético, Eugenio nos enseña en este libro, narrando la experiencia de los años claves de su larga vida lectora, cómo lograr que la palabra escrita, las letras que «yacen muertas» en los «amazacotados párrafos» cobren vida y nos descubran la «otra cara del mundo».

Vayan como avance de La vida por la letra estos dos párrafos que seguro no dejará indiferentes a nuestras colegas, diseñadores gráficos y editores que trabajan con la tipografía:

«Es necesario encontrar placer cuando se derrama la mirada sobre un conjunto de signos impresos por apretados que se muestren —a veces verdaderos ladrillos tipográficos (debajo hay playas)—, y mantener ese regusto de una página a otra. Leer: seguir interesado por cada frase, tanto la principal como las que a ella están subordinadas para matizarla y ampliar su sentido, paladeando la especial construcción, el sabor y la gracia de la trama formada, y a través de los párrafos que se abarcan con delectación, ver desarrollarse el argumento que nos involucra en sus incidencias y llega a marcar, o así parece mientras no se corte la lectura, nuestro propio destino.

Avezado a leer, quien posee tal hábito deja de percibir lo que está haciendo: transmigra. Y ya situado en otro plano, no avanza de palabra en palabra como un escolar, sino que las traspasa como el rayo de luz al cristal, para captar la imagen delineada por ellas. Entonces, a sus ojos, van abriéndose claros en el abigarrado amasijo de letras y la hoja de papel se transparenta.»

El acceso a la lectura de buenos libros de literatura no es fácil, exige un «lento aprendizaje». Hay quienes se inician en ella con la docencia a sus espaldas y el objetivo de la especialidad universitaria apuntando entre los renglones de los libros. Así se forman como «hombres de letras». Eugenio Torrecilla, médico jubilado, no pertenece a ese gremio, se ha formado en la lectura literaria sin intermediarios, a solas con su inquietud y sensibilidad nada comunes. Y lo ha aprovechado y aprendido tan bien que, como escribió Ricardo Labra, «Eugenio Torrecilla se ha convertido en estos tiempos de vedetismos literarios y de falsas erudiciones, en una auténtica lección, en un referente de como obrar y percibir la literatura». Y para los que hemos tenido la fortuna de tratarlo en la Tertulia Literaria de Langreo, un maestro que la dirigió de manera natural, sin que ni él ni los contertulios lo hubieran decidido o convenido.

↑ Sobrecubierta y cubierta anterior.

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La vida por la letra
• Eugenio Torrecilla
• 14,5 x 22,5 cm
• Encuadernación: tapa con sobrecubierta
• Tripa: una tinta sobre papel offset ahuesado de 100 g
• Sobrecubierta: tres tintas sobre papel Connoiseur Cotton de 160 g
• ISBN: 978-84-9704-479-0
Precio: 19 €

Interesados: hpandiella@gmail.com
Tel: 984 201 771

Una de las ventajas del blog respecto a la web profesional es la facilidad de ir «editando entradas» al calor de las circunstancias personales y cotidianas vividas, más que las estrictamente profesionales que originan los encargos. Esto viene a cuento porque el otro día durante una tertulia casi familiar en una cervecería, animada por unas cañas espumosas bien echadas, uno de los contertulios, escritor, empezó a hablar con egopasión de los desvelos que sufría durante el proceso creativo y de cómo se preocupaba por ello hasta la obsesión. La conversación, claro está, terminó en monólogo. Entonces, me acordé del número cero de los Cuadernos de la Cátedra Emilio Alarcos Llorach.

En este primer número se recoge la conferencia que con el sugerente título ¿Decadencia de la literatura? impartió Gregorio Salvador, filólogo y vicedirector de la Real Academia Española, el día 26 de marzo de 2002 en el Paraninfo de la Universidad de Oviedo, iniciando el ciclo de conferencias de la Cátedra Emilio Alarcos Llorach.

(La Cátedra Emilio Alarcos Llorach, dirigida por Josefina Martínez y fundada en el año 2001 por el Ayuntamiento de Oviedo en colaboración con la Universidad, lleva a cabo múltiples actividades encaminadas a recordar la figura del insigne filólogo, crítico literario y poeta, Emilo Alarcos Llorach y a potenciar e impulsar los estudios por él iniciados).

Dice Gregorio Salvador que el título ¿Decadencia de la literatura? lo plantea como «una interrogación retórica» que no hace a nadie, se la hace a sí mismo para evitar pontificar y «poner cualquier aseveración en tela de juicio», pero la verdad es que al leer su lúcida e irónica exposición, no exenta de humor, los interrogantes casi se difuminan hasta desaparecer.


No cabe duda, «el siglo veinte ha sido literalmente excepcional» pero Gregorio Salvador cree que no habrá un relevo a su altura aunque se publique «muchísimo, más que nunca», porque sólo «uno de cada cien autores, una de cada cien obras publicadas sobrevive en su tiempo a la memoria de los hombres», haciendo referencia al resultado estadístico de la investigación de los sociólogos de la literatura de la Escuela de Burdeos de hace tres décadas sobre la historia literaria francesa de los siglos XVII, XVIII y XIX, según nos informa. Y ese uno por ciento que merece la pena, resulta «inabarcable» para el lector ante la ingente producción literaria actual.

Esta es la parte más angulosa de su argumentación pues los datos estadísticos siempre hay que leerlos con prevención. Puede ser que los que buscan «su lugar en la futura letra pequeña de los manuales, en la mediocre tesis doctoral comarcana, en el catálogo de libros raros y curiosos», dificulten hallar la obra excepcional, pero es posible, sin embargo, encontrar la singularidad y la buena literatura, que no es poco, en el interletrado de esas grandes cifras absolutas.


Aquí es donde la crítica sería de gran ayuda, pero según Gregorio Salvador la fiable escasea y en la amplia oferta de suplementos y revistas su función orientadora brilla por su ausencia, por lo que «acaso» la propia crítica manifieste con claridad los signos de la decadencia literaria: «Prevalece la opinión elogiosa, con más o menos reservas, sobre lo mediano y lo francamente malo de algunos, un prudente silencio sobre lo igualmente malo de otros y, lo que es más grave, un silencio estudiado y mortal sobre bastantes obras excelentes».

Por otra parte, también contribuye a esta decadencia, además del estado actual de la enseñanza —el profesorado está en gran parte desmotivado y sin interés por lo que enseña—, el poder abrumador de los medios audiovisuales, una circunstancia que exige a la literatura «una perfección mayor» pues se da la paradoja de que nunca se compraron y leyeron tantos libros como ahora. En el caso de la novela significa no descuidar la narración ante el poder visual del cine y la televisión porque aunque «lo que la gente quiere, desde tiempo inmemorial, es que le cuenten historias, que le relaten otras vidas con sus venturas y desventuras, que le narren sucesos reales o ficticios, y que todo se suceda en el tiempo, azarosamente, como su propio existir», las imágenes «no han acabado de sustituir la magia narradora de la palabra».

Un texto muy recomendable que cumple con las expectativas creadas por Josefina Martínez en su presentación, cuando cita a Emilio Alarcos: «A Salvador no le falta habilidad dialéctica para la polémica ni capacidad para manejar la paradoja y una ironía circunspecta y fundamentada que puede levantar en los antagonistas mal informados y creyentes, algún desasosiego y malestar».


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Donde Gregorio Salvador muestra con eficacia esa «habilidad dialéctica» e «ironía circunspecta y fundamentada» que le atribuía Emilio Alarcos es en el texto «Función del dialectólogo» que aportó al libro Homenaje a Emilio Alarcos Llorach (2001), editado por Gredos y la Universidad de Oviedo. En él denuncia el proceso de degradación que supusieron las «manipulaciones dialectales para formar monstruos lingüísticos» en los últimos 25 años de desarrollo de las autonomías y que no duda en estimar como una «verdadera crisis de la dialectología».

Otro texto necesario y clarificador en estos tiempos donde el empeño de los normalizadores de las lengua vernáculas por imponerlas en los terruños —cuyos límites son los que previamente se dibujaron en los mapas— está alcanzando niveles aberrantes. La lengua utilizada como instrumento ideológico y no como medio de comunicación.

Pero esto sería motivo de otra entrada.

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Cuadenos de la Cátedra Emilio Alarcos Llorach, n.º 0, 2005
Salvador Caja: ¿Decadencia de la literatura?
Presenta: Jesús Neira

Edita: Cátedra Emilio Alarcos Llorach
Dirige: Josefina Martínez Álvarez
Coordina: M.ª Teresa Cristina García Álvarez

Tel.: 985 104 632
josefina@uniovi.es

Edificio Milán. C/ Teniente Alfonso Martínez. 33011 Oviedo

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