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El próximo lunes, 26 de octubre, a las ocho de la tarde, en el Aula Magna de la Universidad de Oviedo (Edifico Histórico), el poeta Lorenzo Oliván pronunciará una conferencia sobre Universidad y poesía con motivo de la publicación del libro Homenaje a los poetas de la Cátedra Emilio Alarcos.

En dicho acto leerán también sus poemas Javier Almuzara, Rodrigo Olay, Alba González Sanz, Aida Masip, Miguel Alarcos, Diego Solís y Raquel F. Menéndez.

Homenaje a los poetas de la Cátedra Emilio Alarcos es una antología, única en su género, en la que se seleccionan poemas de los más destacados poetas actuales contemporáneos (Francisco Brines, Luis Alberto de Cuenca, Luis García Montero), junto a los de algunos de los más valiosos poetas emergentes. El nexo entre unos y otros se encuentra en haber formado parte de las actividades de la Cátedra.

El libro reproduce también una selección de los carteles que tuvimos el honor de diseñar en este estudio para promocionar los diversos actos.

El libro se obsequiará a los asistentes al acto, como agradecimiento por su fidelidad a las actividades de la Cátedra.


El jueves, 8 de marzo, se presenta el libro de Emilio Alarcos Llorach Notas inéditas al Cancionero inédito de A. S. Navarro, editado por la cátedra que lleva su nombre y publicado por la editorial Visor. Este acto literario se celebrará en el Paraninfo del Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo, contará con la presentación de Luis Alberto de Cuenca y la intervención de José Luis García Martín y Josefina Martínez.

El original de Notas inéditas al Cancionero inédito de A. S. Navarro es un cuaderno de tapas negras y hojas cuadriculadas en el que Emilio Alarcos Llorach copió los poemas que había escrito antes de sus veinticuatro años —1946 es la fecha de las últimas anotaciones—, tomó distancia crítica, adjudicando la autoría de los poemas al heterónimo creado para la ocasión, A. S. Navarro, y los fue comentando con ese estilo tan de Alarcos, lúcido e irónico —la cautivadora fotografía de los carteles y la invitación que nos muestran a un joven Alarcos fumando, incorrecta en estos tiempos, nos parece muy apropiada para publicitar este acto.

La Cátedra Emilio Alarcos aprovechó la ocasión para hacer una edición facsímil de este cuaderno, de tirada muy corta, acompañando al libro.

Gracias a esta cátedra que dirige su viuda, Josefina Martínez, hemos podido descubrir en 2007 al poeta Emilio Alarcos en su libro póstumo Mester de poesía y ahora tenemos la ocasión de conocer sus inicios poéticos. Como escribe José Luis García Martín, responsable de la edición, en el prólogo: «Estas Notas inéditas al Cancionero inédito de A. S. Navarro pueden entenderse como un ajuste de cuentas del espíritu crítico de Emilio Alarcos con su vocación poética. Durante muchos años, durante toda su vida, pareció que en esta lucha temprana entre el crítico y el poeta, entre el estudioso y el creador había vencido el primero. Hoy sabemos que esa victoria no lo fue del todo […]».


Oh, verbo: falsedad de falsedades.
Cuando todo era triste
brotabas de mi boca como chorro
de agua virgen y clara.
Ahora, cuando el mundo
ha irradiado a mis ojos su hermosura,
ahora te sumerges, como eterno
diamante, en las ocultas
vetas y galerías del silencio.
Oh, verbo, piedra pura.
¿Por qué con tu relumbre
no iluminas la noche, la sagrada
vigilia de mi frente?
He aquí mis labios secos
que te buscan ansiosos.
Ven a ellos. Desciende
tu mágico aleteo,
estrella de la cripta, incendia el aire:
canta la gloria, canta la alta gloria
de estos días señeros.

(Noviembre, 29. 1945)

El jueves, 13 de octubre, Luis Alberto de Cuenca impartirá la que será la tercera conferencia del año programada por La Cátedra Emilio Alarcos en 2011. Lleva por título Collige, virgo, rosas. Las vanguardias de la tradición y como es habitual, el lugar será el Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo (c/ San Francisco, 1. Oviedo).


Presentará al académico de la Real Academia de la Historia el crítico y escritor José Luis García Martín, quien del también crítico literario Luis Alberto de Cuenca escribió que su etilo estaba en la línea del ejercido por Juan Valera en su tiempo («de buenas maneras de diplomático», «de prosa educada y cordial») en contraposición a la de Clarín («burlón y agresivo que no dejaba pasar una»). Juan Varela y Clarín son los autores que García Martín pone como ejemplo de los «dos modos de ejercer la crítica literaria». No es difícil deducir, entonces, quién de los actuales se considera próximo a Clarín.

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La semana pasada, los días 13, 14 y 15 de noviembre, Pravia acogió las VIII Jornadas de Literatura organizadas por la Asociación de Escritores Asturianos (AEA), que por quinto año consecutivo tuvieron lugar en la Biblioteca Municipal de la villa. Una «fiesta de la literatura asturiana», a decir de Ignacio del Valle, en la que se reunieron poetas, novelistas, escritores, periodistas y editores. Este año los invitados estrella de «allende Asturias» fueron Javier Reverte, Luis Antonio de Villena y Luis Alberto de Cuenca.

El Ayuntamiento de Pravia, por empeño de su regidor Luis Solar, ha querido rendir un homenaje al mundo de los libros inaugurando en el transcurso de estas jornadas una plaza con el nombre De los escritores a la entrada a la villa, monolito incluido. En torno a la plaza también se colocaron 12 baldosas con nombres de escritores de la región, en agradecimiento a la Asociación de Escritores de Asturias por la promoción que hacen de Pravia convocando estos encuentros y organizando en la villa otras actividades relacionadas con las Letras.

No hemos podido asistir, y no por falta de ganas, porque lo pasamos bien entre escritores. Aunque se oigan crujir los egos y comprobemos que algunas de las ideas que manifiestan son tan «creativas» que sólo ellos se las pueden creer.

Los placeres fue el título de las jornadas de este año, un título que nos parecía un tanto canalla para un cartel relacionado con esta actividad. Así que propusimos que se matizase, incorporando los demás títulos de los debates y conferencias: «El placer de escuchar», «…de viajar», «…de leer»… Y sólo con la palabra escrita, sin recurrir a imagen alguna, pues, al fin y al cabo, de lecturas va el asunto.

Hace dieciséis años, durante los días 2, 3 y 4 de diciembre de 1992, se dieron cita en Oviedo dieciséis poetas para hablar de poesía y recitar sus poemas.

César Antonio Molina, Luis Alberto de Cuenca, Manuel Vázquez Montalbán, Antonio Martínez Sarrión, Ana Rossetti, Luis Antonio de Villena, Juan Luis Panero, Luis García Montero, Concha García, Jordi Virallonga, Almudena Guzmán, Jon Juaristi, Leopoldo Sánchez Torre, Luis Muñoz, José Luis Piquero, y Vicente Gallego fueron los escritores convocados.

Todos ellos, junto a otros de sus mismas promociones que no estuvieron en Oviedo, dieron forma al cuarto libro de Los Encuentros, Últimos veinte años de la poesía española. Un repaso a la lírica más reciente, coordinado por Miguel Munárriz.

En él se recogen los debates que tuvieron lugar entre estos poetas invitados y una «breve muestra» de un poema elegido por cada uno de ellos. También una antología, «Las horas contadas», dirigida por Ricardo Labra, en la que participan Jesús Munárriz, Miguel D’ors, Alejandro Duque Amusco, José Luis García Martín, Herme G. Donis, Fernando Beltrán, Alberto Vega, Ramiro Fonte, José María Parreño, Felipe Benítez Reyes, Jorge Riechmann e Immaculada Mengíbar. La antología se completa con reflexiones del quehacer poético de cada uno.

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Miguel Munárriz, el artífice de Los Encuentros, escribió en el prólogo titulado «Oficio del poeta»:

«[…] Últimos veinte años de poesía española es una muestra del momento poético presente. Como podrá leerse en este libro, unos poetas apuestan por una personal meditación interior, por un ahondar en su mundo más recóndito, y otros, tal vez, por una propuesta «civil» comprometida con la realidad social que les rodea. Es, posiblemente, un tiempo de espera por una renovación poética, un tiempo de búsqueda por formas que traigan aires nuevos que añadir a nuestra importante tradición. Son, en cualquier caso, buenos tiempos para la lírica siquiera por la cantidad de poetas, porque ya se sabe que, de entre todo lo que hoy existe, el tiempo dejará escapar el agua para que el oro sedimente bien en el cedazo».

Y Ricardo Labra, en la presentación de la antología «Las horas contadas», lo que sigue:

«[…] Quizás en ninguna otra promoción literaria como ésta, se haya buscado con mayor empeño —más aún que en la generación o grupo del 50— la complicidad, el guiño fraternal, con el posible lector. Lo que parece que lleva a esta poesía, cada vez más, a «entrometerse» o «encarnarse» en los acontecimientos puntuales que invaden la cotidianidad, a no permanecer indiferente ante el acontecer humano. Para ello, y a través de elaborados personajes poemáticos que visten el ropaje de nuestros días e incorporan la voz —auténticos álter ego— del autor, intentan transmitir ciertos valores morales y éticos, una manera de ser, de estar, de permanecer, ante las construcciones y convencionalismos sociales, el sentido de la amistad, la relación amorosa o las leyes inapelables de la vida, como el paso del tiempo.

Son autores que huyen en sus textos poéticos de la irracionalidad, que desarrollan una poesía que responde y está gobernada por criterios lógicos, hecha a partir de un cierto distanciamiento escéptico —signo de nuestros días— y en todo momento bajo el dominio tutelar de la inteligencia. Que saben, que todo libro de poemas acaba siempre en las manos adecuadas.

Puede que al final de su producción poética los autores de esta tendencia literaria se encuentren, como en el cuento de Borges, ante su propio rostro. Y nosotros en él, nuestras emociones e interrogantes; las horas contadas de nuestro tiempo».

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Las reflexiones de «Las horas contadas» fueron solicitadas por Ricardo Labra a cada participante «a través de cinco preguntas formuladas» acerca del método, motivaciones, impresiones sobre la evolución de la poesía, consideraciones teóricas y reflexión introductoria a la propia obra.

Transcribimos las de Alberto Vega:

1. No debo hablar de método de trabajo porque, para mí, escribir poemas no supone una ocupación, sino más bien una pre-ocupación. Cuando un primer borrador llega al papel ya tiene vocación de poema que el tiempo y las revisiones periódicas se encargan de «cerrar». De igual modo, a partir de un buen número de poemas en ciernes y de otros desechados, ellos mismos aportan los indicios y las pistas necesarias para transcrecer y conformarse en libro o colección de poemas.

2. Hay que dar por supuesto que una obra poética no se desarrolla únicamente tras una manera de sentir la literatura, sino —acaso y sobre todo— de sentir la vida. Me dicen más (y no es ninguna pose) algunas líneas cantadas de Luis Eduardo Aute, Silvio Rodríguez o Joaquín Sabina que todos los Guillenes, Aleixandres o Rafaeles que son y han sido. En cuanto a mis versos, creo que me colmaría el hecho de que «pudieran ser leídos / en noches como ésta / por gente como yo».

3. El poeta únicamente debería encontrarse inmerso en un personal e intransferible proceso de creación. Sospecho que hay otras gentes llamadas a colocar etiquetas y establecer rasgos comunes o diferenciales entre su hacer y el de otros. Son las mismas gentes las que supongo tengan impresiones sistematizadas sobre la evolución poética de los últimos veinticinco años o las últimas veinticinco décadas.

4. La poesía puede ser, en ocasiones, un objeto lingüístico de contemplación estética, una forma de comunicación, un singular método de conocimiento y —no por el contrario, sino además de— responder, en otros casos, a un buen número de distintos planteamientos. Ante asunto tan complejo, uno escribe y se describe entre la intuición y la mímesis (más o menos asumida), pero con escasa consideración a la teórica esa.

5. Dije en alguna ocasión, antes de dar título a uno de mis libros, que —consciente o inconscientemente— siempre se escribe para matar el Tiempo. Yo no lo conseguí ni creo lo consiga jamás, pero me consta —porque releo algunas noches poemas de quien fui— que algunas líneas certeras, emponzoñadas de cosas fáciles y verdaderas, lo han convocado de nuevo, entregado por unos instantes, aunque un tanto maltrecho.

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Últimos veinte años de la poesía española. Un repaso a la lírica más reciente
• 1993
• 22 x 28 cm, 224 páginas.
• 1.000 ejemplares.
Edita: Ayuntamiento de Oviedo
• Coordinación: Miguel Munárriz
• ISBN: 84-606-1596-0

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Luna de abajo número 2/7. «Poesía y pintura» (1999):

José Hierro, Manuel Herrero, Fernando Beltrán, Luis Alberto de Cuenca y Luis Antonio de Villena.

• Composiciones caligráficas de dos poemas de Ángel González por Lázaro Enríquez e ilustraciones de Elías y Antonio Acebal.

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La poesía está inmersa en cada una de las experiencias y de los procesos humanos, en nuestra relación simbólica con el tiempo, también en la más prosaica, señalada por la cotidianeidad. Perfilar el perímetro de la poesía, establecer sus contornos, podría conducirnos al último rincón de la memoria.

A las relaciones que se pueden considerar como evidentes, «poesía y teatro», «poesía y cine», habría que ir añadiendo otras cada vez más sutiles «poesía y poder», «poesía y democracia», o aquellas de índole más íntima, de marcado acento subjetivo, «poesía y soledad», «poesía y pasión», e incluso las aparentemente paradójicas, «poesía y lenguaje matemático», «poesía y ciencia»; la enumeración podría ser incesante. Quizás, porque nuestro conocimiento de lo que entendemos por realidad, tanto física como emocional, material como temporal, está basado en la analogía, la contradicción, la paradoja, la sinécdoque, la metáfora… Sustancia que no esencia de lo poético.

Pocas expresiones artísticas, si exceptuamos a la música, mantienen una relación tan rica y compleja con la poesía como la pintura, aun tratándose de dos artes tan distintas en lo que se refiere a sus medios de expresión y modos de percepción.

Decía Leonardo da Vinci que la pintura debía ser considerada «hermana de la música»; pienso que no resulta arriesgado trasladar este paralelismo a la poesía, que también está hermanada con la pintura, ya que la pintura se ha servido de la poesía para elaborar interesantes propuestas estéticas, y no digamos a la inversa. Sólo hace falta contemplar los numerosos movimientos poéticos y pictóricos de este siglo, buena prueba de las estrechas interrelaciones que existen entre los dos territorios creativos.

La pintura es un arte espacial; la poesía, un arte temporal. Muchos son los pintores que han intentado vencer el límite preciso de su frontera creativa para acercarse a la dimensión temporal de la literatura, cargando de acentos la materia de sus cuadros. En el caso de los poetas, por llevarlo a un extremo, el ideal sería alcanzar la metáfora en la que estén implícitas todas las demás; es decir, alcanzar el símbolo primordial, el grafismo cargado de profunda significación y, al mismo tiempo, de esencialidad espacial.

Dos orillas creativas, dos ángulos que tratan de iluminar el mosaico en el que estamos inmersos; hay cuadros que tenemos la impresión de haber leído y poemas que en nuestra memoria permanecen representados como un lienzo.

Ricardo Labra (Langreo, marzo de 1999)

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• Compuesto con la familia tipográfica Mrs Eaves, diseñada por Zuzana Licko de Emigre, en 1996.

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En el cuadernillo Mrs Eaves editado por Emigre en 1996, Zuzana Licko nos cuenta las razones que le indujeron a diseñar el tipo Mrs Eaves. A Zuzana siempre le había sorprendido la gran diferencia existente entre el diseño de un tipo impreso tipográficamente y el obtenido mediante fotocomposición del mismo diseño tipográfico; no tanto por las diferencias obvias entre medios tecnológicos diferentes, como por la falta de viveza obtenida por el sistema de la fotocomposición, aún a pesar de haber logrado una gran perfección en el aprovechamiento del espacio.

La renovación digital propagó el desarrollo en esa dirección, la de perfeccionar las mejoras técnicas logradas por la fotocomposición, al mismo tiempo que, según ella, reducidos los inconvenientes mecánicos, potenciaría la libertad expresiva y variedad de interpretaciones en la formación de los tipos basados en los del pasado. Y lo reflexiona, resucitando un «viejo favorito», pero desafiando el común método reduccionista de interpretar a los clásicos.

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(↑El cuaderno Mrs Eaves abierto. Hacer click para aumentar)

Manifiesta sentirse muy atraída por Baskerville e identificada con él, por haber sido muy criticada su obra tipográfica en su vida y posteriormente. Cita algunos textos, como el de D. B. Updike, en su libro Printing types (1922): «Por lo que vemos en las hojas impresas de Baskerville, las fuentes parecen muy perfectas, y sin embargo, en cierto modo, no tienen nada del sencillo encanto de la letra de Caslon. Es cierto que los tipos tientan a la vista. Los coetáneos de Baskerville, que también pensaban así, lo atribuían a su papel satinado y a su densa tinta negra. ¿Era este el defecto real? la dificultad era, supongo yo, que en sus diseños de tipos, la mano del experto en escritura se traicionaba a sí mismo al hacerlos demasiado iguales, demasiado perfectos, demasiado ‘elegantes’, y por eso atraían demasiado aparente y artificialmente, con una especie de refinamiento afectado, estéril.», e incide en su tesis de que los tipos legibles lo son por los hábitos de los lectores aferrados por la exposición repetida de determinados tipos, hábitos que cambian cada cierto tiempo.

El tipo Baskerville es de los denominados de transición por sus contrastes entre los trazos gruesos y finos —pocos años más tarde estos contrastes los desarrollaría Bodoni de manera más radical—, y ha sido asimilado como un tipo clásico de texto, a pesar de la vehemencia crítica con que se le trató.

No obstante, Zuzana Licko se plantea el reto de explorar un sendero no recorrido. El tipo Baskerville podía ser nuevo en su época gracias al desarrollo de las tecnologías de impresión y de fabricación de papel y su reto estaba motivado por el desarrollo de papeles más suaves y blancos, así como de una tinta de imprimir negra intensa. Pero lo que Zuzana ha intentado retener del tipo Baskerville es su claridad y ligereza, reduciendo el contraste, dibujando los caracteres de caja baja con una proporción más ancha que los de caja alta, y reduciendo la altura de la «x» con respecto a éstos. Por eso Mrs Eaves tiene el aspecto de un cuerpo menor que las minúsculas de las figuras tipográficas corrientes. Es su interpretación de la legible Baskerville.

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Luna de abajo número 2/7. «Poesía y pintura» (1999)
• 16,5 x 24 cm, 32 páginas.
• Impreso a cuatricromía.
• Tirada: 1.000 ejemplares.
• [Agotado]

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• Premio Motiva de 1999, en la categoría Diseño Editorial. Publicaciones periódicas.

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Bibliografía:
Premios Motiva 99, Oviedo, Asociación de Diseñadores Gráficos de Asturias (AGA), catálogo, 2000, pág. 14.

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