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03-las-estrellas-muertas-A

Eugenio Torrecilla decidió fundir la literatura con su vida para ensanchar y dignificar la existencia. Quienes lo conocieron dan fe de esas estrechas relaciones. Las estrellas muertas, el libro que aparece ahora a los cuatro años de su fallecimiento, es un relato de introspección cientifista acerca de la inmortalidad, legado casi como un testamento. [Continuar leyendo en lunadeabajo.blog]

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La segunda novela de Alfredo Hernández García que se publica con la marca Luna de Abajo se presenta mañana en la Librería Cervantes de Oviedo, a las 19.00 h

La venganza del objeto es una novela crítica e irónica con el mundo puramente instrumental de la Ciencia. Chiripa, el científico protagonista, con su afán de aritmetizar y calcular todo, recibirá la venganza del objeto maltratado y cuantificado. En contrapartida, la novela se puebla de personajes poblados de sentimientos. Valiente, padre de Chiripa, es el mejor contrapunto a la frialdad del científico con el siguiente anhelo: «algún día tendré yo un hijo: será la superación de esta guerra fratricida […] ¡de tan grande! No tendrá patria, porque será de las galaxias… ¡Gigantesco!… No conocerá el miedo. No tendrá apego a tradición alguna […] ¡No se encapuchará bajo ningún gremio! Repudiará la Ciencia que constriñe, la Política que envenena, las morales mojigatas, y el mundo será su casa»

Toda la novela aquí, en la nueva página de Luna de Abajo que hemos abierto en Issuu:

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http://issuu.com/lunadeabajo/docs/la_venganza_del_objeto

Guia-para-un-encuentro-con-Angel-Gonzalez-issuu
Hemos subido a Issuu el libro Luna de abajo número tres. Guía para un encuentro con Ángel González, en la versión que dio forma a la tercera edición impresa de 1997 (la primera es de 1985), con algunos retoques de adaptación a esta edición digital de 2013.

Decir Ángel González es pronunciar el nombre de una ciudad, de un poeta mayor de una generación fundamental en la literatura contemporánea española, de un modo de hacer y de entender la poesía, de una forma de estar y de permanecer en el tiempo. Para el grupo de amigos que en su día formamos Luna de abajo, Ángel González, es un punto de encuentro, sin quiebra, que moviliza afectos muy profundos. Su nombre se confunde con nuestros sueños y nuestras biografías. Con él hemos comprendido que toda publicación no deja de ser un misterio más que se añade a nuestro universo cotidiano. Y este libro, y Ángel González, continúan siéndolo. Nosotros bien lo sabemos.


La Asociación Foro por la Poesía de la Cuenca del Nalón publicó hace un par de meses el libro-disco La trama de los días, en el que se recoge una muestra de poemas de Alberto Vega seleccionados por Noelí Puente para ser recitados. Nosotros hemos colaborado con el diseño de la cubierta.

Noelí, amiga de Alberto y nuestra, que formó parte el grupo Luna de Abajo, pone su hermosa voz en la lectura de los poemas. La acompañan Alberto del Mazo y Baldomero Gutiérrez tocando el saxo, aportando cada uno su propia música, y Julio Arbesú, el coordinador de la publicación, con la guitarra. Ángel Morales Doménech es el encargado de la parte técnica, la producción y de alguna composición musical. También participa May Rodríguez, otra amiga de Alberto,convirtiendo en canciones cuatro poemas de Alberto, acompañada de su guitarra.

Y ya que esta entrada ha servido para recordar al poeta Alberto Vega, aprovechamos lo del Premio de las Letras 2011 concedido a Leonard Cohen por la Fundación Príncipe de Asturias para reproducir un poema que Alberto Vega le dedicó en su libro Memoria de la Noche, de 1981:

Este poema y todos los de Alberto se reúnen en el libro Alberto Vega. Plenilunio (obra completa 1980-2005) (El título enlaza con otra entrada de este blog con más información).

La edición impresa es de 2007 y fue posible gracias al Ayuntamiento de Langreo. Estos días hemos realizado la edición electrónica que podéis consultar y leer en Issuu:

Destacamos en el blog, por su importancia, las siguientes referencias al libro de Eugenio Torrecilla La vida por la letra.

La primera, esta magnífica fotografía que abre la entrada. La hizo Mario Rojas en nuestra exposición de la Escuela de Arte de Oviedo, dentro de las actividades programadas en Motiva 2010 que reseñamos en la entrada anterior. La persona que aparece de espaldas, observando el panel que reproduce la cubierta y sobrecubierta del libro de Eugenio Torrecilla, es Pablo Amargo, uno de los mejores ilustradores españoles actuales.

A continuación, tres enlaces sobre Eugenio y su libro:

El de Pepe Monteserín en la Nueva España, en su «La mar de Oviedo» del 3 de abril:

Luna de Abajo ha editado La vida por la letra, de «un viejo lector gravemente afectado por la letra, que se goza en su herida y procura que nunca cicatrice». El lector, también doctor, es Eugenio Torrecilla, erudito, pedagógico, fantástico, inteligente, poético y con finísimo sentido del humor. Asegura, en referencia al prestigio de los libros, que si no hubiera que leerlos, sería incontable el número de lectores […continuar leyendo]

La entrevista a Eugenio, también de Pepe Monteserín y en el mismo periódico (26 de abril):

«Meted la Biblia en mi féretro, como salvoconducto para el Más Allá»

Eugenio Torrecilla nació en El Entrego, pero a los 5 años su familia se trasladó por motivos laborales a una cuenca minera leonesa de cuyo nombre no quiere acordarse; allí cursó primaria, Bachillerato en León y Medicina en Valladolid. Se especializó en pediatría y eligió como destino Sama, donde reside desde 1958. En 1969 puso en marcha una tertulia literaria, que aún pervive. En abril de 2005 fue premiado por este periódico como «Asturiano del mes». Luna de Abajo acaba de editar su libro «La vida por la letra, autoficción y homenaje a la lectura y a la fantasía» […continuar leyendo]

Y la entrada que el escritor y fotógrafo Francisco J. Lauriño dedica al libro en su blog Blues de la luna que nos mira y que ha de descargarse en pdf pues no se trata de una simple reseña, es un estudio a fondo de La vida por la letra que Lauriño titula «Las dieciocho vidas de Eugenio Torrecilla». No se lo pierdan, imprescindible.

Si es difícil que en un texto de mil páginas quepa la vida de una persona (Luciano Sechard, Alexei Karamázov…, qué sé yo…, o aunque sea sólo un sesgo de ella), ¿cómo no iba a serlo mucho más en otro que junta menos de doscientas y que transmite una vida entera, desde la infancia perdida en los albores del siglo xx, hasta la pedestre realidad de hoy? [enlace al blog de Lauriño]

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La vida por la letra
• Eugenio Torrecilla
• 14,5 x 22,5 cm
• Encuadernación: tapa con sobrecubierta
• Tripa: una tinta sobre papel offset ahuesado de 100 g
• Sobrecubierta: tres tintas sobre papel Connoiseur Cotton de 160 g
• ISBN: 978-84-9704-479-0
Precio: 19 €

Interesados: info@pandiellayocio.com
Tel: 985 236 962

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«[…] Brisas ligeras, título engañoso y excesivamente modesto, podía haberse llamado muy bien «Fuego nocturno», porque entre sus sombras —y abundan en él las sombras— crepita la llama que devora al poeta. Desvelado por frustraciones muy hondas (los sueños de la vigilia, alimentados por el ideal —esa «suelta llama del fuego» que prende en los corazones jóvenes— son difíciles de cumplir y dejan en el ánimo un regusto amargo) Alberto Vega parecía rehuir la confrontación del día y refugiarse en las tinieblas. «Y fue la noche suficiente cómplice», leíamos en el prólogo del libro, cuyo poema inicial repetía: «Vidas imposibles / cabalgando / la cintura de la noche. […]»

Eugenio Torrecilla (en Memoria de la noche)

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Brisas ligeras es el primer libro de Alberto Vega, publicado como edición de autor en 1980. El trabajo gráfico y de imprenta que trajo consigo serviría, junto con Memoria de la noche (en el que Alberto se nos muestra como el poeta definitivo que es), de iniciación a la aventura de Luna de Abajo. De ahí que el dibujo de la cubierta de Brisas ligeras sea también el motivo del cartel anunciador de la primera publicación de la editorial: el cuaderno Luna de Abajo número uno. Poesía en Asturias (1), de 1982. Reproducimos el cartel más abajo, cerrando esta entrada.

El poemario Brisas ligeras se recoge en el libro que recopila toda su obra, Alberto Vega. Plenilunio (obra completa 1980-2005) , editado el año pasado (ver «Plenilunio»).

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Bisas ligeras, 1980
• 15,5 x 21 cm, 36 páginas.
• Impreso a una tinta.
• Tirada: 400 ejemplares
• Agotado

Este 23 de abril, Día del Libro, se ha inaugurado en la Biblioteca de Asturias Ramón Pérez de Ayala de Oviedo una exposición bibliográfica dedicada a Ángel González, con el título: Lúcido Ángel. Ángel González, exposición bibliográfica (1925-2008).

El acto contó con un gran despliegue institucional, asistencia incluida del presidente del Principado de Asturias, Tini Areces, cumpliéndose aquello de que «la economía tira de la política y la política de la cultura» (¿qué nos deparará la recesión económica?).

La muestra permanecerá abierta al público hasta el día 1 de junio de 2008, en Oviedo, y posteriormente en Gijón en la Biblioteca Pública Jovellanos, desde el 5 de junio al 6 de julio de 2008.

La exposición ha sido coordinada por Javier Lasheras, escritor, «activista de las letras» y expresidente de la Asociación de Escritores de Asturias. Un tipo solvente. No hay en Asturias, actualmente en activo (que conozcamos), una persona tan idónea para asumir estos encargos. Y eso que en esta región producir no produciremos mucho, ni crearemos riqueza, pero si se levanta una piedra es probable encontrar un escritor, un artista o un diseñador (por este orden). Ignoramos por qué las instituciones asturianas, tan infladas, no se aprovechan de él. Redundaría en beneficio de todos.

↑Javier Lasheras con la periodista Pilar Rubiera, de La Nueva España, poco antes del comienzo del acto inaugural de la exposición.

Para esta muestra se ha editado un libro que recoge la relación catalográfica de los fondos bibliográficos de la Biblioteca de Asturias Ramón Pérez de Ayala (Oviedo) y de la Biblioteca Pública Jovellanos (Gijón) sobre Ángel González, además de algunas de las Angelgrafías realizadas por Lázaro Enríquez en el año 1999 para Luna de Abajo y el texto «Diálogo con uno mismo a través de 5 preguntas formuladas», extraído de Guía para un encuentro con Ángel González, conjuntamente reproducidos en los paneles de la exposición que, según Javier Lasheras, sirven para orientar y tratar de sumergir al visitante en el sentido de la obra de Ángel y «en las que la escritura del calígrafo —signos y evocaciones dibujadas— dialoga con la voz del poeta».

El libro se completa con el estudio «Lúcido Ángel» de Javier Lasheras, 50 citas de diferentes y variopintos autores sobre la obra de Ángel González y nueve fotografías realizadas entre 1984 y 1997 con Ángel como único protagonista. Siete son de Pepe García, las hizo en 1984 para Luna de Abajo y una de ellas se publica en esta edición por primera vez. Con el retrato de Ángel González en la cubierta hemos querido rendir, implícito, un homenaje a nuestro querido Pepe García que tan pronto nos dejó.

↑Ángel González en Oviedo, 1984. La fotografía de Pepe García utilizada en la cubierta del libro, al completo.

↑Ángel González en una de las instalaciones de la fábrica Duro Felguera, (La Felguera, 1984) ya sin actividad, pocos años antes de su desmantelamiento. Fotografía inédita de Pepe García.

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Sirva para cerrar esta entrada un fragmento de «Lúcido Ángel», de Javier Lasheras:

«[…] más allá de la alta calidad de sus palabras, de sus notables conocimientos para su distribución en el verso, en la frase o en la estrofa, de la rima y de los ritmos, de las pausas, el tono, los encabalgamientos o las aliteraciones, más allá del fulgor de sus registros coloquiales y del acierto en el uso de muy variados tropos —por supuesto, en ocasiones arriesgados—, incluso más allá de sus temas y argumentos, Ángel González nos muestra y nos abre una ventana al encuentro de la lucidez y la emoción en la calle del arte poético, sin abandonar un compromiso y una constancia moral que como ciudadano del mundo ha sabido desplegar a lo largo de sus 50 años de escritura.»

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• 18 x 22 cm, 96 páginas.
• Edición no venal.
• Tirada: 500 ejemplares.
Promueve: Consejería de Cultura y Turismo
• Edita: Biblioteca de Asturias Ramón Pérez de Ayala
• Coordina: Javier Lasheras

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angel-0498.jpg

↑Ángel González, el pasado 3 de diciembre, en el paraninfo de la Universidad de Oviedo.
Ha fallecido Ángel González, el poeta de la «inmediatez de la vida». Dos días después de la anterior entrada de este blog que abría con una caligrafía-retrato de Ángel realizada por Lázaro Enríquez para el cuaderno de Luna de abajo Angelgrafías, en 1999.

Conocí a Ángel González a través de Luna de Abajo, de mis amigos Ricardo Labra, Miguel Munárriz, Noelí Puente y Alberto Vega —también tristemente fallecido hace año y medio y al que Ángel González dedicó algunas elogiosas palabras en más de una ocasión—. Con mis compañeros de aventuras literarias he compartido muchas emociones poéticas. Una de ellas, especialmente intensa, fue la preparación y edición del libro Guía para un encuentro con Ángel González, en cuyo proceso editorial pudimos tratarlo en persona. Siempre hemos agradecido su generosa participación, la afectuosa amistad que inició.

Recuerdo con especial emoción la primera recepción que ofrecimos a Ángel, acompañado por Susana Rivera, en el patio de la casa de Alberto Vega, La Felguera, en julio de 1984. La respetuosa distancia protocolaria inicial que en apenas dos horas dio paso a la cercanía y confianza que sólo una guitarra y unos boleros de por medio pueden lograr. Y hubo más encuentros y más noches.

Aunque fui un asiduo lector de poesía hasta esos años ochenta, en Luna de Abajo era el grafista, no me dedicaba a escribir; una posición que establecía un punto de vista diferente en la elaboración de los proyectos. Pero gracias a mis amigos de Luna de Abajo empecé a leer a Cernuda, Gil de Biedma, Goytisolo, Brines y, por supuesto, a Ángel González.

Después, el tiempo que he dedicado a la lectura poética se tornó ocasional, disperso; pero siempre es una cita obligada releer a Ángel González, disfrutar con la lucidez y la inteligencia que manifiestan las condensadas reflexiones que dan forma a sus poemas, dotados de esa expresividad capaz de rebasar el género literario al que pertenecen. Sin perder su esencia poética, logran despertar el interés de cualquier lector no habituado a la poesía, como sólo los grandes saben hacerlo.

«Helios, se nos fue el calígrafo», fueron las palabras de Ángel que me dirigió tras saludarnos por última vez el pasado 3 de diciembre, al finalizar el acto homenaje de su investidura como doctor honoris causa en el paraninfo de la Universidad de Oviedo. Sirva otra angelgrafía de despedida, seguida de un texto inédito del propio Ángel González dedicado a las caligrafías de Lázaro Enríquez.

Descanse en paz.

Helios Pandiella

***

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Todo amor es efímero

Ninguna era tan bella como tú
durante el fugaz momento en que te amaba:
urante el fugaz momento en que te amabaa:mi vida
entera.

(de Prosemas o menos, 1985)

***
Para la caligrafía de Lázaro Enríquez

Tocadas por las manos del calígrafo, las palabras escritas cantan en silencio. En realidad, la canción ha cesado ya tiempo, pero las evoluciones y los giros de su melodía no se desvanecieron en el aire. La huella de su vuelo persiste en el papel, y la canción se ve, se oye con los ojos.

Cantan las letras, se colorean, se agrupan a se dispersan en direcciones impensables. El calígrafo es, ante todo, pintor, un pintor figurativo cuyo modelo es el alfabeto. Las palabras aparecen como formas bellas en sí mismas, y el asombro ante esa belleza inesperada puede ser la causa de que en un primer momento nos desentendamos de su significado. Pero pasado ese primer momento de sorpresa, las palabras recuperan de pronto su cualidad de signos. Encontrar la belleza del significado de un texto tras haberlo admirado como forma pura es siempre un descubrimiento que nos coge por sorpresa. Y lo leemos al fin como nunca lo habíamos leído. El poema que surge por debajo de la caligrafía de Lázaro Enríquez es siempre un poema inédito, nuevo, lustral.

Ángel González

Un año antes de fallecer Alberto Vega (2006), el 28 de junio de 2005 se presentaba en la Casa de Cultura de La Felguera (Asturias) su libro Estudio melódico del grito, editado por Visor. El acto, en el que participaron, por deseo del propio Alberto, sus compañeros de Luna de Abajo Ricardo Labra, Miguel Munárriz, Noelí Puente y Helios Pandiella, estuvo organizado por la Asociación Cauce del Nalón que preside Francisco Villar, referente ineludible de organización ciudadana en el actual Valle del Nalón.

alberto-0002b.jpg

↑En la mesa, presentando Estudio melódico del grito, Alberto Vega en el centro, acompañado por Ricardo Labra, Helios Pandiella Noelí Puente y Miguel Munárriz (fotografía de Fernando Castro). [Ampliar]

En esa fecha, a Cauce del Nalón le faltaban unos meses para cumplir diez años de actividad y en la memoria editada posteriormente con motivo de este décimo aniversario, le tocó a Ricardo Labra hacer un repaso de las actividades poéticas organizadas por la asociación. De la presentación del libro de Albero Vega y de su poesía, escribió lo que sigue:

«De todos los actos poéticos organizados por Cauce en estos diez años, puede que el más destacado y emotivo haya sido la presentación del libro de Alberto Vega Estudio melódico del grito, celebrado el 28 de junio de 2005, en la Casa de la Cultura de la Felguera. Esta presentación estuvo llena de profundos significados. Fue un acto definitivo para Alberto Vega, que ya no está con nosotros, para Luna de Abajo, que ya nunca volverá a reunirse de nuevo, para sus familiares, amigos, lectores y seguidores. Alberto Vega ha sido un poeta germinativo y fundamental para este valle, al que puso en hora poética, en el minuto exacto del vendaval estético de estos últimos años. Inteligente, sensitivo y hermético, salvo con las palabras más esenciales y necesarias, Alberto Vega trazó una obra unitaria en la que late con fuerza un personaje urbano, un antihéroe de la epopeya humana en la que estamos inmersos, lleno de valores, de solidaridad, de bonhomía. Alberto agita en sus versos la rabia de un mundo adocenado y en sordina, con la intención de restablecer, aunque sea por un instante, las dignidades perdidas y los sueños rotos. Su poesía es un canto de juventud, tan viejo como la juventud, tan joven como el mundo que se abre en nuestros ojos cada día como una página no hoyada. Sus noches y sus lunas, sus gatos y sus aceras, preludian la otra realidad, la única que puede modificar las cosas y acaso redimirnos o salvarnos de un vulgar destino escrito por la mano espuria de los convencionalismos castradores. Alberto Vega no precisó salir de esta comarca para escribir una obra de interés universal. Su ciudad es cualquier ciudad, por eso su ciudad es Langreo. El tiempo siempre corre a favor de los buenos poetas, y Alberto Vega no hará más que crecer en la valoración de su poesía. Su obra es un legado para todos nosotros.»

***

Poeta en sol menor

Cuando era un enano, feliz y despeinado,
antes del buenas noches o el beso de mi madre
tenía la costumbre de arrugar las tardes,
para meterlas al abrigo de mi cama
de contrabando, en una manga del pijama.

Me demoraba luego en el umbral del sueño
desplegando de nuevo el mapa de sus horas,
reviviendo a mi modo los dones de ese día
—la cita con charito, el gol de la victoria—
con una sonrisa ancha de párpados cerrados.

Siempre a la luz oscura del silencio.

También recuerdo que tendía los agravios,
las afrentas, las ofensas, los muchos ninguneos
a un sol menor al que llamaba olvido.

Lo malo, lo peor, es que a esta fecha
aún no han secado del todo y apenas los sacudo
salpican mi memoria, mis lentes, mis poemas…

***

Puerto Paula

En ocasiones, con más humor que morbo
y sin nada en qué pensar, útil o provechoso,
así, como quien cursa
una imposible instancia a las alturas,
me demoro eligiendo un final para mi suerte,
la última secuencia de mi propia existencia.

Quiero dejarlo escrito: en ese trance siempre
la resaca de tu cuerpo me arrastra sin remedio
y sonrío lascivo y acabo deseando
morir frente a tus costas, compañera.
Desnudo como un náufrago en tus playas,
extraviado y feliz en nuestro mar de sábanas.

***

Quizás un corazón recoja lluvia

Probablemente buceando en mi escritorio
halle las letras o, no sé, las claves
de un nuevo y sumergido abecedario.

Tal vez en el fondo del vaso largo
de gin con agua tónica
o en la página cien de los libros más cercanos,
aquellos que al abrirlos cada día
crecen al ritmo de tu propia historia.

Quizá ni estén en este cuarto, han de traer
el aroma cabal de lo que ya no es
o el presagio futuro de lo que aún no ha sido.

Unas palabras, encontrar tan sólo unas palabras
y dirigirlas a todos y a cualquiera.
Pero de uno en uno: irrepetibles y secretas…

***

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↑Con Ángel González el 30 de mayo de 2005, en la cena de Casa Adela en Lada (Langreo, Asturias), posterior a un encuentro con el poeta organizado por Cauce y un mes antes de la presentación de Estudio melódico del grito, de Alberto Vega. De izquierda a derecha, de pie: Noelí Puente, Helios Pandiella, Ángel González, Fernanda Burón; sentados: Paula Granados, Alberto Vega y Ricardo Labra. [Ampliar]

***

Manifiesto

La palabra es muy útil, mas no sirve
para fertilizar el sexo de una espiga.
Sólo cuando roncan borrachos de fortuna
sueñan los gatos negros con números trece.

Las canciones más tristes anidan
sólo en algunas noches.

Lo malo del presente es que vivimos
grapados al dossier de los recuerdos.

Aunque fundar poemas reinventa su inventario
y abrasa un sol por venir, mientras le dibujamos
zapatos a los árboles, alas a los vasos,
puntiagudos violines al ruido del silencio…

***

Isla Tabarca

Según vendía el folleto de la agencia de viajes
aquellas calas, breves y escarpadas,
habían sido refugio de piratas
que hace siglos asolaron las costas que ahora son
residencia estival de sus tataranietos.

Yo estaba enmimismado, reactivando
lecturas juveniles (defoe, salgari, stevenson…),
ellas, a unos metros, jugaban desnudas a las palas
y de cuando en cuando se vestían de mar,
coronaban sus gracias de espuma y luz salada.

Apagué la sombrilla, encendí un ducados,
tras sacudir la toalla y replegar el diario
me alejé derrotado, silbando distraído
la balada más hermosa y amarga
escrita, en horas bajas, por un tal leonard cohen…

(La ausencia era la única arma posible
contra el supremo arsenal de sus cuerpos.)

***

Elecciones en el purgatorio

Antes no era distinto: los políticos,
cautelosos y limpios como gatos domésticos,
ya ocultaban su mierda entre nuestras cenizas.
Pero este tiempo de eurodólares enfermos
es bastante más cutre, más canalla.

Me salva el hecho —y cito textualmente
unas líneas a las que siempre vuelvo—
de que me gusten tanto los domingos mingos
y, muchísimo más, los martes mates,
besar sus pechos (sí, besar tus pechos),
echarme en su regazo y despeinarme.

He aparcado mi esperanza en doble fila,
me finjo un buen gregario y me demoro
sin rumbo ni sentido por las calles.
Y deposito en la urna de cada papelera
el inútil y abstracto voto en blanco de mi nadie.

***

Economía de medios (mejor: de miedos)

A veces suena el timbre del teléfono
y entra en casa el cartero, disfrazado de fax.

No le presto atención, mas algo en mi interior
me dice que una noche vendrá Dios
a cobrar la demora en la hipoteca de mi vida
simulando que me trae la cerveza y las pizzas
o un recibo impagado de la empresa del gas.

Entonces hará frío, será tarde
y en toda la ciudad no habrá un maldito
Banco de Horas abierto que me avale.

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↑Viñeta de la cubierta de Estudio melódico del grito. [Ampliar]

***
• Alverto Vega: Estudio melódico del grito
Colección Visor de Poesía, n.º 591
• Visor, 2005 (ISBN: 84-7522-591-8)
• 56 páginas.

***



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Buenas noches, amigos, ciudadanos, espías…

Te aguardaba en estos versos.

Entre la niebla cotidiana y unos granos de opio
elegí este horizonte de noches y fonemas
para mirar tus ojos frontalmente.

Ahora soy un príncipe encantado
bajo este aspecto de sapo un tanto lírico
que deberás besar
si quieres que este cuento acabe bien
para nosotros.
Créeme: Crée Créeme:
no hay orgullo ni bajeza en mis palabras.

Yo te aguardaba en estos versos desde siempre.

***

Aunque se publicó en enero de 1986, Para matar el Tiempo, de Alberto Vega, entró en imprenta en diciembre de 1985, el año más fructífero de Luna de Abajo, el de Guía para un encuentro con Ángel González y los libros Vivir de milagro, de Miguel Munárriz y Último territorio, de Ricardo Labra. Para matar el tiempo fue el colofón de una intensa actividad que no se repetiría. Luna de Abajo dejaría de responder a la fuerza gravitatoria que la fijaba a «los charcos de la bocamina» (*) e iniciaría una trayectoria sin órbita fija, errática.

(*) Del poema Luna de abajo que Ángel González nos dedicó.

A continuación, se reproduce el texto de Alberto Vega que a modo de «explicación» abre Para matar el Tiempo y unos poemas del libro.

***

Debo una explicación al posible lector. A lo largo de varios años se han ido agrupando estos poemas, escritos en su mayoría como puro ejercicio, como hipotética producción de un personaje de ficción —Manuel Pomar— nacido y recreado en horas de papel, soledad y domésticos fantasmas personales. A ello, probablemente, se deban los cambios de estilo, humor y concepción del poema que pudieran advertirse en el conjunto.

Después de las dudas pertinentes, decido firmar el libro con el propio nombre por varias razones, unas de orden lógico y otras de orden mágico.

Por una parte ocurre que, sencillamente, no me apetece jugar al juego de los heterónimos (los honorarios de un psiquiatra no están al alcance de cualquier economía).

De otro lado, dos líneas de Gil-Albert, recientemente leídas por azar en una vieja publicación periódica, arrojaron la luz última y definitiva sobre mi confusión y mis prejuicios:

Nos solemNos solemos disfrazar de lo que somos.
Nos solemSin saberlo, claro.

Al presente Para matar el tiempo, en un primer borrador, seguía un subtítulo: Infancia, delirio, amor y muerte de Manuel Pomar.

Creo que yo, ocasionalmente, me he disfrazado de ese hombre (es decir, de mí mismo).

Alberto Vega (noviembre de 1985)

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***

Parábola del hombre afortunado

Del sacamuelas aquel, mezquino, sifilítico,
entrampado y miserable hasta el sombrero,
que se fue sin dejar rastro, únicamente
tuvo noticia un primo algo lejano.

Parece que contaba (entre otras cosas
de interés limitado) lo bien que le había ido
en cierta isla exótica, gozando del cuidado
que algunas buenas gentes le prestaron.

Cualquier incrédulo podría ver las fotos:

él rodeado de frutos y mujeres,
él abrazado por jefes y hechiceros
que adornaban el pecho con extraños collares
de muelas cariadas y enseñaban
grotescos y felices sus dentaduras de oro.

***

El doble

Hay un problema entre nosotros: tú
sonríes a los gatos por la calle,
mientras yo cruzo los dedos y les temo
su memoria salvaje.

Pasan rostros anónimos y tú
les vas poniendo nombres y señales,
yo en cambio me descuido entre las nubes
y silbo si me place.

Hay un problema entre nosotros: tú
vives dentro de mí y eso es muy grave.

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***

Partimos con el sol naciente
albergando la frágil convicción
de que al fin todo acabaría siendo
aventura propicia para sentirnos uno
entre tanto sentimiento amordazado,
tanta vida y tanta muerte superpuestas.

Los segundos, estatuas de agua,
crecían al azar deshilvanando el tiempo.

Las nubes arriba, tambores de silencio
para el paso inexorable de los días.

Presentíamos la duda como espada enemiga
con quien batirnos en cada encrucijada.
El camino era incierto,
soñábamos con bellos precipicios
donde arrojar lo que de amargo pudiera acompañarnos.

***

Se adivinaban ya ríos ocultos
apenas iniciados
al viaje fabuloso, a las arduas geografías
coronadas por un rumor creciente
de cántaros y peces.

Una suerte de frutas abismales
—agridulces, lejanas—
fue el hallazgo primero de nuestros labios secos.

Luego una extraña alquimia de pieles recobradas,
un ligero sopor desde las sienes
(Rastros, lugares, encuentros clamorosos
volvían bajo un signo azul y cósmico
nacido como llama entre la nieve).

Al despertar nos deslumbró la imagen imperfecta
de una estrella labrada en espejos infinitos.

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***

Enamorados de Maureen O’Sullivan

Aunque sabíamos que era de otro hombre
nuestra envidia fue siempre
más que dudosa

(Tú Tar-zán.
Yo-ser-com- Yo-ser-com-pa-ñe-ra).

Y es que en el fondo nunca descubrimos
si aquella lúbrica mujer en blanco y negro
amaba al Rey veloz y suficiente
o al tímido salvaje amigo de los monos.

***

La chica del anuncio

Bien podría comprar esas bragas que anuncia
o tratar de encontrarla a través de su agencia,
pero no,
nada nada de eso,
tuve que enamorarme
como un niño de su imán y diariamente
mirarla de reojo por las calles más céntricas.

Últimamente pienso que si cambia la chica
de las vallas que nos venden su sonrisa
no haré por encontrarla a través de su agencia:

Compraré, por despecho, esas bragas que anuncia.

***

Dios ha muerto, Marx ha muerto
(y yo últimamente no me encuentro
nada bien)

El caso es que me busco entre las cosas
vecinas, entre tanto
vino bastardo y tertulia de provincias,
jugándome los pasos a una carta
marcada en la baraja del destino
con orlas de colores y falsos paraísos,
desafiando al tiempo entre mitos y flautas.

Por lo demás, ningún problema. Gracias.

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***
Características:
• Año 1986 (ISBN: 84-86375-04-05)
• 14,5 x 20,5 cm, 56 páginas.
• Tirada: 700 ejemplares.
• [Agotado]

***

Plenilunio

Roza pues con tus labios el dormido
pubis de la luna,
embriágate de lúbricas mareas,
azul bajo los astros, efímero, insaciable
recobra tus caminos, vuela o calla.

Neblina sigilosa o beso errante
vuélcate sin cuidado, sé tú mismo,
cabalga en el espacio que ambicionas
para tu suerte próxima
a lomos de una estrella incontenible.

Tendrás la llave de todo paraíso.

Cuesta un sueño abrazarse a los orígenes.

***

En 1981 Alberto Vega y yo pusimos en marcha la editorial Plenilunio, nombre elegido por Alberto. Memoria de la noche (1981) es el único libro editado bajo esta marca (el primero fue Brisas ligeras, en 1980, publicado como edición de autor) antes de ser impugnada administrativamente por su similitud con otra ya registrada. «Plenilunio» es también el título de uno de los poemas de Memoria de la noche y, gracias a Ricardo Labra, que lo supo ver de manera inmediata, el del libro que recopila toda su obra, Alberto Vega. Plenilunio (obra completa 1980-2005).

«Cuesta un sueño abrazarse a los orígenes», el último verso del poema, resultó premonitorio.

Borges nos daría la pista con su Luna de enfrente para reiniciar la aventura como Luna de Abajo, en 1982, con la decisiva colaboración de Álvaro Díaz Huici, editor de referencia (y amigo para siempre) al frente de su entonces ya mítica colección Aeda de poesía. Pero esto ya es otra historia.

Memoria de la noche consta de tres partes, «I. Memoria de la noche», «II. Signos de amor y muerte» y «III. Fatalidades». Cada una de ellas lleva una portadilla con el dibujo de una escalera exterior que da a una vieja casa, el mismo espacio escénico en el que se representan diferentes motivos y que se reproduce solitario en la cubierta del libro.

Helios Pandiella

***
De «I. Memoria de la noche»:

Noches: panteras del recuerdo

Pudieran ser
montañas vertebradas o infinitas
arenas de un reloj,

sombras desnudas que a tientas agolparan
gestos y miradas anteriores
a su regreso álgido y confuso.

Innumerablemente me abandono
a sus múltiples huellas:

ciertas noches vividas aún me turban,
como panteras inquietantes del recuerdo
vibran bajo las formas del poema.

***

Nocturno

Esos días son reptiles que te asaltan.

Y vuelves, tú lo sabes, desgarrado,
con esa llama sutil de interrogantes
bailándote en los ojos.

Y apartas los libros casi a manotazos
—fiebre, ginebra insomne,
música helada y sábanas de olvido—.

Y te hundes en la noche de tu cuarto
atroz y solitario
como un perro que se lame los testículos.

***

El texto que sigue aparecíó escrito en las solapas de Memoria de la noche y es de Eugenio Torrecilla, alma de la tertulia literaria de Langreo y de alguna forma maestro admirado por la generación del poeta:

«Con esta nueva entrega, esa voz de la noche que es el verso de Alberto Vega vuelve a dejarse oír. Ya su libro anterior, mejor que Brisas ligeras, título engañoso y excesivamente modesto, podía haberse llamado muy bien «Fuego nocturno», porque entre sus sombras —y abundan en él las sombras— crepita la llama que devora al poeta. Desvelado por frustraciones muy hondas (los sueños de la vigilia, alimentados por el ideal —esa «suelta llama del fuego» que prende en los corazones jóvenes— son difíciles de cumplir y dejan en el ánimo un regusto amargo) Alberto Vega parecía rehuir la confrontación del día y refugiarse en las tinieblas. «Y fue la noche suficiente cómplice», leíamos en el prólogo del libro, cuyo poema inicial repetía: «Vidas imposibles / cabalgando / la cintura de la noche».

De la continuidad de su tránsito por esa oscuridad propicia, nos da referencia ahora en Memoria de la noche. Y entre la algarabía confusa que nos despierta a los plácidos burgueses, por encima de «el ruido y la furia» desatados por los muchachos que cruzan bajo nuestras ventanas arrastrando «la pobre loba» de su juventud —que decía Machado— llega de nuevo esta voz articulada y precisa, intérprete del clamor de estos «ciudadanos de la noche / pálidos restos de luna y marihuana» cuyo paso nos inquieta. En la poética que abre el libro, deja bien claro su propósito de «ahondar en el grito ritual» y bucear en el «infortunio colectivo», traduciendo aquel grito en «equivalencias literarias».

Debe el lector, por tanto, hacer un esfuerzo y descifrar el mensaje de una generación incomprendida que le llega en estos versos.

Hay desencanto en el presente Memoria, hay rabia contenida. Son noches sin lunas decorativas las de Alberto Vega, aunque en ellas clarea el consuelo humano del amor —si bien amor y muerte van ligados en el título de uno de los tres capítulos que componen el tomo.

Le es difícil a nuestro poeta encontrar su camino vital en la oscuridad. Por algo acude a estos versos de García Lorca para reunir el primer grupo de poemas: «He visto que las cosas / cuando buscan su curso encuentran su vacío».

Se trata del vacío existencial que se extiende ante el hombre, más allá de la zanja donde yacen las ilusiones. La lucidez engendra desiertos, pero aún en ellos existe un caudal de agua subterránea que se manifiesta en la maravilla de los espejismos. Y es necesario avanzar sobre la arena estéril, o entre las sombras, avanzar siempre con un sueño en la mente. «Sueña el árbol…» ¿Cómo no ha de soñar el hombre, «sombra incierta cobijada / bajo sueños…»? Efectivamente, Alberto Vega, «así el hombre».

***

De «II. Signos de amor y muerte»:

III. Rito

No, no hay nada aquí
(o apenas un constante desatino).
Nada en el cuarto:
únicamente el mundo que se agolpa.

(Nosotros, una gota que desborda
la música del vaso.
Auténticos al menos si libres la quimera.
Nosotros, conciencia de los necios
que fingen y envejecen
en tanto apuestan la derrota de su vida
a una carta marcada por la dueña costumbre).

No hay geometrías, ni lazos, ni verdades,
ni paraísos líquidos, ni huellas.
Tan sólo un cuerpo, un ser tan sólo,
despoblado, mar de dos, forjado a tientas.

***

VI. Fin

Piensa en quien así habla,
sólo un hombre
o soberbio mendigo, voz resuelta
que llama pan al lecho y aborrece
las horas destempladas como flechas,

que se embriaga de sol y de aguacero
tras el paisaje de la hembra luminosa
en esas noches absolutas y confusas,
plenas de libertad y encrucijadas,
decrépitas de estrellas, gritos, almas.

(Y mirabas al techo y te decía:
en amor nos embarcamos ciegamente
para eludir nuestra esclava condición
de hombres atravesados por la urgencia
de lo que no poseemos…)

***

De «III. Fatalidades»:

Así el hombre

Sueña el árbol en su trono solitario
un capricho de trinos y alamedas.
Las ciudades con un soplo de azahares.

La vieja luna besa
el delicado cuello de los cisnes.
Araña tierra seca el vertebrado rayo.

Brama el toro, se miente
nacido para el asta de su fuerza.
La errante nave ondea su esperanza imbatida.

Así el hombre:
sombra incierta cobijada
bajo sueños,
pasiones pa pasiones
pasiopasiopasiopasioy megalomanías.

***

Legado del buen suicida

«Su ritmo se quebró, mi voz abriga
ladridos de silencio.

Lo confieso, ya no estoy enamorado
de la canción aquella que os decía,
si en mis labios duelen versos de infortunio
sabed que los leí de vuestros ojos.

Amargo fin de mis híbridas pasiones,
de mis gentiles máscaras,
de todo
lo que fuera tan mío y tan ajeno…

Si en mis labios duelen versos de infortunio
también en vuestros ojos, también en vuestros ojos».

***
Característcas:
• Año 1981 (ISBN: 84-300-5325-5)
• 15 x 21 cm, 48 páginas.
• Impreso a una tinta.
• Tirada: 1.000 ejemplares.
• [Agotado]

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luna-de-abajo-04b.jpg

Luna de abajo número cuatro (1987)

José Agustín Goytisolo, Luis Ríus, Ángel Guache, Fernando Abascal Cobo.

Ilustraciones de Galano, Pelayo Ortega, César Miranda y Ángel Guache.

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«La estrella de mar, como un signo o un oscuro presagio, apareció un día en la bañera».

«Aquel verano, en su cumpleaños, recibió como regalo una pequeña caja de acuarelas. Cada atardecer se situaba frente al mar y pintaba los movimientos de las olas».

(de «Las sombras del tiempo», Ángel Guache)

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• 20 x 25 cm, 56 páginas.
• Impreso a una y dos tintas.
• Tirada: 500 ejemplares.
• [16 euros]

(Últimos ejemplares)

Contacto:
helios@pandiellayocio.com

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